"En las sombras surgió el silencio como cadenas que truncaron mi libertad de crecer. Pero unas manos fraternales se abrieron camino en las sombras y me devolvieron la dicha de renacer.
Vuelve amigo tu mirada hacia mí, que no habrá silencio que pueda vencer la voz del amor."

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Del silencio a la Luz: la historia de Julio

Yo no nací sordo,ni nunca pensé qué significaba ser sordo, sin embargo al crecer me fui dando cuenta  que escuchaba muy poco, entonces mi mamá, preocupada me llevó al médico, quién me diagnosticó una hipoacusia sensorioneural severa y me recetó audífonos.
Años más tarde,  ingresé a la Escuela para niños sordos “La Purísima”, donde me sorprendí al conocer otros niños sordos que, aunque en la escuela, la lengua de señas estaba prohibida, se comunicaban a través de esta,  mientras yo había aprendido a hablar, permanecí en la escuela durante 6 años, aprendiendo a hablar mejor y a conocer la vida.

Tuve momentos felices en mi vida y otros no tan buenos, pero uno de los felices fue  la amistad que tuve con mi perrito Roty, creo que él nunca me preguntó si yo escuchaba o no, a él nunca le importó mi condición física o sensorial, era un amigo incondicional, que me aceptó tal como yo era. También tuve hermosos momentos junto a mi familia, a pesar de mi condición diferente y debido a que mi padre nos abandonó, asumí el rol de padre de mis hermanos, acompañando a mi madre a sobrellevar nuestro hogar lo más normal posible, poniendo especial cuidado con mi hermano menor, quién presentó también hipoacusia sensorioneural, gracias a Dios pude ayudarle a seguir caminando. Tengo una relación muy unida con ellos hasta el día de hoy.

Cuando egresé de  “La Purísima”, me fui a un colegio de educación básica, donde sufrí discriminación. Pero  no me rendí y seguí estudiando, luego entré a la enseñanza media y viví una gran experiencia pues tuve el apoyo de mis compañeros, fue una gran pena despedirme de ellos cuando terminamos 4° medio.

Imagenes de mi infancia y juventud

 

En el año 1999 conocí a una gran mujer que llegaría a llenar mi vida de felicidad y orgullo y con quién construí una hermosa familia, Anita participaba en una comunidad católica de sordos y oyentes, en la que conocí también a mi amiga Mónica, quién me ayudó a entender los caminos de Dios, en esta comunidad comprendí lo hermoso de compartir con personas que tenían las mismas penas que yo y que habían conocido el mundo desde la misma perspectiva.
 

Una vez terminada la enseñanza media me tocó realizar mi práctica profesional de programador en computación. Me  fue bien, pero una vez finalizada me costó mucho encontrar trabajo, debido a que presentaba una diferencia sensorial. Cuando por fin encontré, nuevamente sufrí la discriminación de mis compañeros por ser diferente, porque por mi hipoacusia vivía la vida en forma distinta. Soporté 6 años con un sueldo mínimo que no correspondía a mis capacidades y dignidad, ya que solían aprovecharse de mí. Decidí  cambiar de trabajo, pero la situación no mejoró mucho.

Actualmente trabajo en una bodega de artículos médicos, donde las condiciones sólo son un poco mejores. Creo que la discriminación es un problema difícil de cambiar, se necesita mucha buena voluntad por parte de los oyentes y mucha paciencia por parte de los sordos. Hoy, puedo decir con orgullo que,  con mucho esfuerzo y paciencia he logrado grandes metas en mi vida, tengo un trabajo más digno, compré mi casa y logré formar un hogar junto a mi hermosa esposa  y con dos hijos maravillosos, gracias  a Dios, siempre con el apoyo de  una familia y amigos que me respetaron y creyeron en mí.

Mi familia

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